El empoderamiento femenino desde la niñez comienza con la escuela, con educación de calidad y acceso a la cultura, ciencia y la salud. Significa posibilidades para que las niñas se conviertan en todo lo que desean y hacer sus propias elecciones informadas. Significa tener las mismas oportunidades de trato, educación y salud, que los niños sin ser discriminadas por su género.

Cuando los padres tienen hijas mujeres, normalmente orientan todos sus cuidados «excesivos» hacia ellas. Perciben a las hijas mujeres como temerosas y débiles, constantemente les dicen: «ten cuidado con eso”, «te puedes lastimar”, «la patineta es para hombres», etc. El problema es que venimos actuando de una cierta manera que nos fue transmitida por generaciones, haciendo ver a la mujer como el sexo débil.

Se espera que las niñas sean hacendosas, estudiosas, atractivas, inteligentes y que desarrollen otras tantas cualidades que se ven moldeadas por las convenciones y los determinantes sociales.

La clave es empoderar a las niñas.

Un estudio realizado en los Estados Unidos, indicó que, en la infancia, era muy probable que una niña fuera advertida por los padres sobre el riesgo del juguete, y si aún así ella quería jugar con él, probablemente uno de los padres la ayudaría. Pero, ¿y los niños? Ellos, a diferencias de las niñas si eran alentados a jugar allí, a pesar de toda la inseguridad que pudieran tener. Y, muchas veces, los padres los orientaban sobre cómo subir por su cuenta.

¿Cuál era el mensaje que le estábamos dando a nuestros hijos?

Que las niñas son frágiles y necesitan más ayuda, y los niños pueden y deben realizar tareas difíciles solos. Las niñas deben tener miedo, y los niños deben ser valerosos. Pero la ironía es que, en la infancia, niñas y niños son muy parecidos físicamente. Generalmente, las niñas son más fuertes hasta llegar a la pubertad, y más maduras.

Es por eso que, llegada la vida adulta, muchas mujeres viven con miedo. Pero el problema es cuando el miedo es la reacción primaria que enseñamos y animamos a las niñas a tener siempre que se enfrentan a algo fuera de la zona de confort de ellas.

¿Cómo hacer para que nuestras hijas sean valientes?

Como padres, es importante que se puedan proveer a las niñas las mismas experiencias y posibilidades en términos educativos y de intereses; que si a la niña le gusta el deporte que pueda participar en el deporte y que si le interesan más los asuntos de las matemáticas o las ciencias, que se fomente ese interés. La crianza de las niñas no debe ceñirse a responder a roles de géneros esperados.

Un estudio muestra que el riesgo que se corre al jugar, es muy importante para todos los niños y niñas, porque enseña a evaluar el peligro, a posponer la gratificación, a tener resiliencia y confianza. En otras palabras, cuando los niños y niñas salen, practican el coraje, aprenden lecciones valiosas sobre la vida.

La próxima vez que digan «¡Cuidado, te puedes lastimar!» o «¡No lo hagas, es peligroso!», recuerde que a menudo lo que realmente están diciéndoles es que no deben esforzarse, que no son lo suficientemente buenas, que deben tener miedo.

La forma más importante de empoderar a las niñas es la educación. Una educación enfocada en la capacidad de controlar y tomar sus propias decisiones. Cuando las niñas son educadas, saludables y empoderadas, sus futuros hijos y familias lo serán también.

Según organizaciones internacionales como la UNESCO, Girls Not Brides y UNFPA, entre otras, las niñas empoderadas fortalecen e incrementan la economía de los países.

Las niñas de hoy jugarán un rol importante en la sociedad del mañana. Con el empoderamiento femenino desde la niñez se promueve la calidad de vida no solo de las futuras mujeres sino también del que será su hogar y el país donde habiten.

Invertir en empoderar a las niñas puede llegar a triplicar sus ingresos a lo largo de su vida e impulsar el crecimiento económico de su país.

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