Las enfermedades que provocan trastornos en el movimiento, son en la actualidad un problema de salud pública, debido a la discapacidad que provoca en el gran número de personas que las padecen, alejándolos de su vida laboral y social.

Anteriormente estos padecimientos se manejan a través de la administración de medicamentos, sin embargo la medicina moderna permite actualmente la realización de una cirugía que tiene como objetivo controlar los movimientos involuntarios que incapacitan al paciente.

En la cirugía de movimientos involuntarios se colocan electrodos en núcleos cerebrales mediante un procedimiento de mínima invasión, éstos realizarán una estimulación cerebral profunda o neuromodulación cerebral, la cual regula, modifica o inhibe las diferentes regiones del cerebro que se encuentran alteradas y provocan el movimiento involuntario. En otras palabras, la colocación de los electrodos simulan el trabajo de un marcapasos en el corazón, pero el trabajo de éste se realiza en el cerebro.

Este tipo de procedimientos ha beneficiado especialmente a dos ramas de las neurociencias:

  1. Trastornos del Movimiento: enfermedad de Parkinson, la distonía y temblor esencial y secundario.
  2. Trastornos Psiquiátricos: depresión severa y el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC).

La característica común de estos trastornos es su origen, ocasionadas por un desequilibrio en diversos circuitos funcionales cerebrales, que se pueden reestablecer parcialmente, por medio de la neuromodulación cerebral.

Si bien la enfermedad no se cura, los síntomas se reducen en grados importantes, de forma que se llega a mejorar sustancialmente la calidad de vida del paciente y en muchas ocasiones, le permite su reinserción a la vida laboral.

El procedimiento consiste en colocar un electrodo en un blanco determinado por el tipo de enfermedad, con la finalidad de modificar su actividad, por medio de una corriente eléctrica de características específicas.

En este proceso se utiliza la estereotaxia, procedimiento quirúrgico de mínima invasión que utiliza coordenadas tridimensionales para localizar pequeñas estructuras dentro del cerebro y para implantación de dispositivos, en este caso, del electrodo que realizará la estimulación cerebral profunda.

El Dr. Alfonso Arrellano, Neurocirujano y Jefe de la Clínica de Trastornos del Movimientos del ABC, nos menciona: “Con esta cirugía, en pacientes bien seleccionados, se obtienen excelentes resultados, por ejemplo, los pacientes con Parkinson mejoran en la severidad del temblor, en la rigidez, en la lentitud de los movimientos, mejoran en el desempeño de su caminar y les permite una reducción de 50% del de medicamentos, además estos resultados son persistentes a 10 años”

Actualmente este tipo de cirugía es una excelente alternativa para el tratamiento de enfermedades que involucran movimientos involuntarios, sin embargo, es importante resaltar que no todos los pacientes son candidatos a esta cirugía.

Las características ideales de un paciente para que se vea beneficiado por este procedimiento son:

  1. Que exista un diagnóstico preciso de la enfermedad
  2. Que el paciente no sufra deterioro cognitivo
  3. Que tenga una estabilidad emocional, es decir que no padezcan alteraciones del estado de ánimo (que no sufra de depresión)
  4. Que el cerebro se encuentre estructuralmente íntegro, es decir que no existan malformaciones vasculares o tumores.
  5. Que tras una valoración neurológica, se confirme que el paciente tiene una buena sensibilidad a la Levadopa (medicamento que se utiliza particularmente para tratar la enfermedad de Parkinson).

Los riesgos de este procedimiento según las cifras internacionales son:

  1. Sangrado Cerebral 3%
  2. Infección 4%
  3. Cambios de la función neurológica entre un 5% y un 10%

Estos riesgos se han minimizado gracias al cuidado en la preparación del paciente, en la acuciosidad de la técnica quirúrgica y en la selección del paciente, de tal manera que no se han dado complicaciones neurológicas graves. Después de la intervención sigue una etapa de ajustes post operatorios para encontrar la dosis de electricidad y de medicamentos adecuada, para obtener los resultados óptimos y revertir en su caso algún cambio de la función neurológica que se haya presentado a raíz de la cirugía.

Esta cirugía es una excelente alternativa para que un gran número de pacientes que sufren estos trastornos, ya que impulsa la optimización del tratamiento médico, la neurorehabilitación, para recuperar la función e independencia del paciente”.

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