El cáncer de mama sí puede ocasionar otros síntomas, aparte de un bulto en el seno. Toda mujer debe conocer bien sus senos y saber cuál es su apariencia normal a fin de que sea más fácil determinar si algún cambio representa un síntoma, y pueda acudir al médico para un examen ante cualquier situación rara.

Otros síntomas de alerta

El cáncer de mama puede derivar en una variedad de síntomas, siendo el más obvio la presencia de un bulto en el seno. Otros síntomas también pueden ser:

Cambios en la piel de las mamas: Por ejemplo, enrojecimiento, hoyuelos o arrugas.

Salpullido: El cáncer de mama también puede producir un sarpullido en la piel parecido a la mastitis, o infección del tejido mamario que suele afectar a las mujeres durante la lactancia. Si notas un nuevo sarpullido o enrojecimiento y no estás amamantando, acude a que te evalúe el médico.

Cambios en el pezón: Otro síntoma del cáncer de mama puede ser algún cambio en el pezón, tal como una inversión o un aplanamiento mayor de lo normal. En algunos casos, la secreción del pezón también puede ser una señal de cáncer de mama.

Dolor: Es raro que el cáncer de mama produzca dolor, y en realidad menos de 10 por ciento de las personas diagnosticadas con cáncer de mama informan que sienten dolor como uno de sus síntomas. No obstante, si sientes dolor en las mamas que parece involucrar una cierta área del seno, acude a una revisión porque puede ser síntoma de cáncer o de otra afección mamaria.

Aviso para otros problemas

A pesar de que los cambios mamarios antes mencionados podrían ser síntomas de cáncer, vale la pena anotar que también pueden deberse a muchas otras razones. Por ejemplo, esos cambios pueden ser síntomas de otro problema subyacente o simplemente representar cambios normales que no indican la existencia de ningún problema.

Los senos de muchas mujeres cambian ligeramente durante el transcurso del mes. Eso es particularmente cierto en quienes padecen una afección común conocida como cambios fibroquísticos de la mama, situación en la que los senos tienden a mostrar más sensibilidad o irregularidad una o dos semanas antes de empezar la menstruación y mejoran alrededor de una semana después.

Dichos cambios suelen abarcar todo el seno y no solamente uno, sino ambos senos. No obstante, si después de transcurridos dos o tres ciclos menstruales todavía persiste una zona de constante engrosamiento o modularidad, lo recomendable es acudir al médico porque posiblemente se necesite evaluar la situación más a fondo con una mamografía de diagnóstico y una ecografía. Los cambios fibroquísticos suelen disminuir a medida que la mujer avanza en edad y también después de la menopausia porque el transcurso del tiempo vuelve menos denso y graso al tejido mamario.

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