Opciones saludables para el corazón, para todos en todas partes

Las enfermedades cardiovasculares (ECV) siguen siendo la principal causa de muerte y discapacidad en el mundo de hoy: más de 17,3 millones de personas mueren por enfermedades cardiovasculares cada año y constituyen casi la mitad de los 36 millones de muertes de las enfermedades no transmisibles y se espera que el número de muertes por ECV aumente a 23,6 millones para el 2030. Alrededor del 80% de estas muertes son prematuras, ocurren antes de los 70 años de edad, restando los años de trabajo más productivos de las personas, lo que puede tener un impacto económico y emocional devastador en las familias de países de ingresos bajos y medianos, donde los recursos humanos y financieros son más limitados para hacer frente a ellos y el costo de la inacción es inmenso. El incremento de las enfermedades cardiovasculares en dichos países se ha relacionado con la globalización y la urbanización progresiva que facilitan estilos de vida poco saludables (consumo de tabaco, dietas malsanas, inactividad física y uso nocivo del alcohol).

El Día Mundial del Corazón (DMC), que se celebra anualmente el 29 de septiembre, es una oportunidad para que la gente de todo el mundo participe en la mayor intervención mundial contra las enfermedades cardiovasculares. Este año se dedica a exponer lo mucho que nuestros ambientes pueden impactar e incrementar los factores de riesgo de ECV. Con demasiada frecuencia, la sociedad ‘culpa’ el estilo de vida del individuo para su ECV. Pero los ambientes en los que vivimos, trabajamos y jugamos pueden tener un efecto enorme en nuestra capacidad para tomar decisiones correctas para la salud de nuestro corazón.

La vida urbana no siempre contribuye a que tengamos hábitos saludables; de hecho, favorece la obesidad. Puede eliminar la autonomía de las personas para tomar decisiones saludables, a través de presiones e influencias dominantes a adoptar las no saludables. Por ejemplo, falta de acceso a los espacios verdes de recreación y caminos seguros para caminar o andar en bicicleta, raciones extra grandes de comida, acceso limitado a alimentos saludables y disponibilidad mayor de alimentos ricos en sal, azúcar y grasas a menudo más baratos y fáciles de conseguir que las frutas y hortalizas frescas. Los niños son particularmente vulnerables a los aspectos negativos para la salud asociados con la vida citadina, ya que tienen menor independencia y están más manipulados por su entorno de vida como la publicidad de la industria de alimentos. La pobreza, la ignorancia y un diseño urbano mal planeado tienen un impacto negativo en la salud cardiovascular. Una distribución inequitativa del poder, el dinero y los recursos incrementan la exposición a los factores de riesgo cardiovascular.

Con el lema entornos saludables para todo el mundo, en cualquier lugar la Sociedad Mexicana de Cardiología, representante oficial en México de la Federación Mundial del Corazón celebra el DMC. En esta fecha unámonos al movimiento global de conducir a los individuos y a sus familias a asegurarse de que todo el mundo tenga la oportunidad a tomar decisiones saludables para el corazón dondequiera que vivan, trabajen y jueguen. El riesgo de enfermedad cardiovascular puede reducirse mediante políticas públicas como la creación y desarrollo de urbanización sustentable, prohibición de fumar en los parques públicos y la regulación de la publicidad para la comida rápida y el tabaco que favorezcan una alimentación saludable para el corazón, nutrición adecuada para todos, actividad física para todos, un mundo libre de tabaco y reducción del uso nocivo del alcohol. Eso puede hacer una diferencia tremenda sobre la salud cardiovascular de las personas.

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