Por: Dr. Simón Barquera

Tres- Cuatro- Cincuenta (3 – 4 – 50)

En la actualidad, sólo TRES factores de riesgo: mala alimentación, inactividad física y tabaquismo causan CUATRO importantes problemas de salud: enfermedades cardiovasculares, diabetes, enfermedades pulmonares y cáncer. Estas ocasionan más de CINCUENTA por ciento de las muertes en todo el mundo.

Esto significa que modificando estos tres factores de riesgo, se podrían lograr reducciones en la morbilidad y mortalidad y con ello grandes beneficios para la salud de las poblaciones, con consecuentes beneficios sociales y económicos. Pero, ¿es esto posible? ¿Se pueden modificar estos factores de riesgo?, ¿o estos dependen de factores culturales y de conducta resistentes a cambios (como el gusto por bebidas azucaradas, alimentos muy salados o grasosos, gusto por el tabaco o pobre práctica de actividad física)?

Responsabilidad Individual vs. Influencia del Entorno

El enfoque tradicional con el cual se ha intentado resolver estos problemas de salud ve el reto de las enfermedades crónicas (principalmente cardiovasculares y diabetes), como problemas de conducta que sólo pueden resolverse en la medida que las personas, con educación, disciplina y voluntad, logren adaptar estilos de vida cada vez más saludables. Muchos profesionales de la salud inclinados en este enfoque consideran que los individuos o las familias deben ser responsables de su estilo de vida para lograr las mejoras que se están buscando.

La evidencia ha mostrado que aún poblaciones con alto nivel de educación y recursos, pueden tener altos porcentajes de enfermedades crónicas y no contar con estilos de vida tan saludables como se esperaría. Por ejemplo, no hay aún ningún país del mundo dónde se haya documentado una reducción importante de la proporción de personas con sobrepeso y obesidad. Recientemente se ha reconocido que los esfuerzos de modificación de conducta sin modificaciones del entorno tienen resultados muy pobres.

Por ejemplo, sirve de muy poco que a los niños de las escuelas se les enseñe en los libros de texto que la forma más saludable de hidratarse es con agua simple, si al salir al recreo la “tiendita” de la escuela esta inundada de una oferta de bebidas azucaradas (principalmente juguitos, aguas azucaradas y leches saborizadas) que NO se recomiendan como forma de hidratación habitual en niños.

De la misma forma, es muy difícil que los programas educativos de las instancias gubernamentales que invitan a una vida saludable puedan competir con la publicidad de “comida chatarra” a la que están expuestos los niños en las calles, las redes sociales, la televisión, etc. Por ello, a nivel internacional se ha reconocido que la importancia de implementar acciones para modificar el entorno y hacerlo menos “obesigénico”, es decir, menos amigable con los factores del entorno que impiden un estilo de vida saludable.

Entre estos factores obesigénicos se han identificado, entre otros, los siguientes: estrategias de mercadotecnia de compañías de bebidas y alimentos, en especial las dirigidas a niños y adolescentes; falta de disponibilidad de agua simple para las poblaciones; etiquetado engañoso que confunde a la población sobre la calidad de productos chatarra; falta de espacios seguros y adecuados para la práctica de actividad física, venta de cigarros, etcétera.

Dos mitos nocivos para la salud cardiovascular.

Además de mejorar la comprensión de los determinantes de enfermedades crónicas y del papel de los gobiernos fomentando un entorno saludable y de la sociedad participando activamente en la toma de decisiones, a nivel de profesionales de la salud existen dos mitos nocivos muy generalizados:

1) No hay alimentos malos ni buenos, se puede comer de todo mientras sea con moderación: en realidad sabemos que hay alimentos que son malos y alimentos que son malísimos!; existen productos con grasas saturadas, o con niveles de sodio o azúcar tan altos que podrían cubrir la cantidad máxima diaria en un solo producto, muchos de estos se pueden encontrar en las tiendas de la esquina, suelen ser baratos y altos en azúcar, grasa o sal.

2)  Cualquier líquido hidrata igual: en realidad el agua simple es la bebida recomendada para tener hidratación adecuada, especialmente en los niños (las bebidas azucaradas ya sean “deportivas”, refrescos, leches saborizadas, jugos u otras, pueden aumentar el peso corporal y tienen otros efectos nocivos para la salud que están bien documentados).

El Dr. Simón Barquera es Investigador Nacional (CONACYT), Miembro de la Academia Nacional de Medicina, Miembro de la Academia Mexicana de Ciencias y Miembro del Comité Científico de la Federación Mundial de Obesidad.

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