Hacer luz de gas o gaslighting es una forma de abuso psicológico que consiste en presentar información falsa para hacer dudar a la víctima de su memoria, de su percepción o de su cordura.

Puede consistir en negaciones simples por parte del abusador, en el sentido de si determinados eventos ocurrieron o no, o incluso en la escenificación de situaciones extrañas con el fin de desorientar a la víctima.

Por ejemplo: el abusador/a se enfada o actúa de forma agresiva, y cuando la pareja responde, niega de forma rotunda haber utilizado ese tono. Ahora habla de forma apacible para desesperación del otro. El abusador/a puede acusar a la víctima de interpretar de forma distorsionada todo lo que dice, de estar irascible o hipersensible.

Un ejemplo cinematográfico más reciente sería el de Amelie Poulain, cuando se venga del cruel frutero de su barrio cambiando algunos detalles de su casa.

La infligen personas cercanas o muy queridas, en las que confiamos y a quienes amamos. Es decir, nos pilla desprevenidos y con la guardia baja.

Otras veces quien hace gaslighting es la misma sociedad, a consecuencia de los prejuicios e ideas preconcebidas.

Aunque cueste aceptarlo, se lleva a cabo sobre todo intencionadamente. Y es que las actitudes narcisistas, controladoras, intimidatorias o directamente sociópatas no se dan solamente en personas claramente desequilibradas a ojos de la sociedad, sino que forman parte del día a día.

Es ahora cuando muchas reflexiones, testimonios y nuevos estudios sobre el gaslighting están empezando a hablar de las consecuencias que puede tener en las personas que lo sufren, como la destrucción de la autoestima y la confianza.

 

Información de Playground.

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