Dr. Jesús Antonio González-Hermosillo González
Cardiólogo del Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez
Presidente de la Fundación Mexicana del Corazón.

En la actualidad el número de muertes atribuidas a las enfermedades no transmisibles ha ido en aumento sobre todo en los países con problemas económicos como el nuestro. La diabetes, la hipertensión arterial y la aterosclerosis son enfermedades no transmisibles que favorecen la aparición de la fibrilación auricular.

La arritmia puede prevenirse y tratarse con éxito en sus estadios tempranos con procedimientos como la ablación con catéter. Para celebrar este año el día mundial del corazón, se debe hacer consciencia de esta arritmia por mucho tiempo subestimada ya que representa una amenaza creciente para nuestra salud.

La fibrilación auricular es la arritmia sostenida más común en el ser humano y es una de las epidemias del siglo XXI. Responsable de numerosas muertes cardiovasculares y cerebrovasculares a un costo muy elevado, sobrecarga la economía del afectado y de los sistemas de salud pública.

La frecuencia con la que se presenta la fabricación auricular en la población mundial va en aumento como resultado de una mayor expectativa de vida, de mayor prevalencia de sus factores de riesgo y de mayor sobrevida después de un infarto del miocardio. La fibrilación auricular es la principal responsable de las embolias cerebrales, de la insuficiencia cardiaca y de la mortalidad general en la población.

La fibrilación auricular afecta del 1 al 2 % de la población, y todo parece indicar que aumentará en proporciones epidémicas en los próximos 50 años. En nuestro país ya 1 millón de mexicanos la tienen, una cifra subestimada por la falta de estrategias para su diagnóstico.

Los factores de riesgo que se han asociado con el desarrollo de una fibrilación auricular incluyen, la obesidad, el tabaquismo, la hipertensión, la diabetes, la apnea obstructiva del sueño y la presencia de enfermedades cardiovasculares como la aterosclerosis coronaria, la enfermedad valvular cardiaca por secuelas de fiebre reumática y la insuficiencia cardiaca, un etapa terminal de la evolución de las mismas.

Los pacientes con fibrilación auricular tienen un riesgo cinco veces mayor que los que no tienen esta arritmia de padecer una embolia cerebral, con una mortalidad dos veces mayor.

La ocurrencia de fibrilación auricular aumenta con la edad, afecta al 6% de los individuos mayores de 75 años y al 10% de los mayores de 80 años. Es importante señalar que los jóvenes no están exentos de riesgo pues en su forma paroxística o autolimitada puede ocurrir entre los 30 y 75 años de edad. La prevalencia es mayor en hombres que en mujeres pero el riesgo de una embolia es mayor en ellas.

Aunque la arritmia puede evolucionar sin molestias que permitan sospechar su existencia, los pacientes tienen palpitaciones rápidas e irregulares, mareos, cansancio inexplicable y malestar opresivo en el pecho. El mismo paciente puede autodetectarla tomándose el pulso con irregularidades en el mismo.

En el mundo incluyendo México, la detección de la fabricación auricular es baja por lo que su prevalencia real puede ser mayor que la señalada. Es deficiente el conocimiento del médico no especialista sobre su naturaleza, sus riesgos, sus complicaciones y sobre su tratamiento. Hace falta implementar programas costo-efectivos en los primeros niveles de atención médica que permitan su detección de manera oportuna y aleatoria mas que sistemática basada en la toma del pulso, seguida de un registro electrocardiográfico en los individuos en los que éste se encontró irregular.

En los países con una economía emergente, los médicos generales, los consultorios de farmacias y los centros de salud no siempre pueden registrar e interpretar correctamente un electrocardiograma por lo que sería interesante formar redes que utilizando el Internet permitan la comunicación con los hospitales que sí cuentan con el personal especializado para asesorarlos.

Es posible prevenir las embolias que son secundarias a una fibrilación auricular. Existen nuevos anticoagulantes orales que son más efectivos y seguros que aquellos que se han venido utilizando desde hace 50 años con la necesidad de controles de laboratorio para el ajuste de la dosis.

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