Las callosidades son más comunes en los pies, debido al frecuente roce que hay en esta área y al peso que soportan de manera constante. Además, afecta al 1.5% de la población y predomina en el sexo femenino.

Los “callos” se producen como consecuencia del incremento de tejido queratinizado en sitios de apoyo, excesiva presión o fricción constante de la piel, produciendo así un engrosamiento de las capas cutáneas.

La piel de las manos y pies es más gruesa por lo que al sumarse este proceso cambia su textura volviéndose dura y áspera al grado de poder romperse, sangrar o endurecer como piedra. También se da por usar calzado poco apropiado o en el caso de las manos al levantar cosas pesadas o hacer ejercicio sin guantes.

Este fenómeno cutáneo en algunas ocasiones puede resultar doloroso, incómodo o, incluso, poco estético.

Se recomienda evitar factores que predisponen la aparición de los callos como la fricción, evitar el uso de calzado incómodo, la falta de humectación, así como evitar el sobrepeso. Para combatir los que ya existen se pueden utilizar queratolíticos, emolientes y cremas que contengan sustancias como urea o ácido salicílico pues reducen el tejido, así como procedimientos de consultorio como láser.

Los callos no deben eliminarse con lijas o tallándolos, pues esta práctica fomenta un incremento paradójico del engrosamiento de dichas áreas. Utilizar sustancias corrosivas para eliminarlos puede provocar quemaduras severas dando lugar a infecciones y otras complicaciones.

Los callos son un problema sumamente frecuente, resultado de nuestros malos hábitos. Algunas conductas sencillas pueden evitar la aparición de éstos e incluso su curación.

La salud de tu piel nos importa. ¡Cuídate, infórmate!

Fuente: Fundación Mexicana para la Dermatología

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