Indetenible: ésa fue la palabra que utilizó la Federación Internacional de Diabetes (IDF, por sus siglas en inglés) para anunciar que el número de personas con diabetes en el planeta se calcula en 366 millones de individuos.

La estadística refleja que se ha sobrepasado la cifra de 300 millones muchos años antes de lo previsto y con las consabidas consecuencias: más de 4 millones de muertes anuales atribuidas a complicaciones de la diabetes y un creciente gasto sanitario por parte de los sistemas de salud de todas las naciones.

En septiembre pasado, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reunió a los líderes de las organizaciones dedicadas a atender y prevenir enfermedades no contagiosas como la diabetes, diversos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares. La frase más concluyente fue que ya no se puede ignorar algo tan evidente como los estragos que causan estos padecimientos. No hay contagio, no hay virus a los cuales se pueda atribuir la causa. Se trata de resultados de un estilo de vida repleto de alimentación desbalanceada, falta de ejercicio y una paralela epidemia de obesidad, causante, en muchos casos, de estas enfermedades crónicas.

Son 366 millones de personas con diabetes y el número sigue en aumento. La cura aún no está disponible pero cada vez es más posible detener el incremento en el número de casos de diabetes tipo 2, la más común, ya que está directamente relacionada con los hábitos de vida.

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