A los cuarenta, la perdida de firmeza y agua es evidente. Si no cuidaste de tu rostro correctamente antes de llegar a esta edad, no esperes milagros. Pero aún estas a tiempo de cuidar tu piel.

Es ya conocido que  los malos hábitos que acumulaste años atrás ahora pasan factura. Fumar, tomar alcohol,  y no protegerte del sol pueden afectar aun más tu piel si mantienes este estilo de vida. La deshidratación ocasiona más arrugas, por eso debes estar atenta si vives en lugares muy fríos o muy secos.

En tus cuarenta, la piel no es propensa al acné pero si no te quitas el maquillaje correctamente  es probable que veas unas cuantas espinillas o marquitas.

Entre los 40 y 49 años es imprescindible utilizar tratamientos extras de acuerdo a tus necesidades. Los sueros o serums se convertirán en un aliado en tu rutina -desde los más simples que proveen humectación intensa hasta los más complejos como los que contienen cócteles de vitaminas, asegúrate de encontrar el indicado.

Con los sueros faciales también puedes tratar manchitas, piel opaca y hasta arrugas profundas.

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