Dra. Mireya Gamiochipi Cano

MNA Nutriologa Sandra Lorena García Del Río

Las enfermedades cardiacas son una de las principales causas de muerte. Se estima que en 2012 murieron 17.5 millones de personas a causa de éstas, las cuales representan un 31% de todas las muertes registradas en el mundo.

En México las cardiopatías son la principal causa de muerte, con una tasa anual de fallecimiento de un cuarto de millón de personas. De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) el 68.5% de los mexicanos tienen problemas de obesidad y sobrepeso, un 21% de dislipidemias y otro 43.2% de hipertensión arterial, padecimientos que en los últimos 13 años han crecido en un 22%. En nuestro país la obesidad es un problema especialmente grave, tanto en adultos como en niños. Esta enfermedad se encuentra en primer lugar de prevalencia en el mundo, por lo cual se necesitan implementar diversas estrategias que permitan, desde la infancia, modificar hábitos fuertemente arraigados a través de generaciones para lograr reducir los factores cardiovasculares de riesgo.

Entre ellos está la inactividad física. Cada miembro de la familia pasa sentado entre 8 y 12 horas diarias. El estar sentado se ha asociado al incremento de problemas de salud, como una mala nutrición, obesidad y un mayor riesgo para desarrollar diabetes o problemas cardíacos. Se estima que 58.6% de los niños y adolescentes entre 10 y 14 años reconocen no realizar actividad física de manera regular. El 22.7% de los adolescentes entre 15 y 18 años son inactivos según la clasificación de la OMS, mientras que la prevalencia de inactividad física en adultos entre 20 y 69 años es de 47.3%. Esta situación es alarmante y destaca la importancia de promover e incrementar la actividad física regular como: caminar, correr, bailar, y disminuir las actividades sedentarias.

¿Qué podríamos hacer para cuidar nuestra salud y la de nuestra familia?

Desarrollar hábitos saludables desde edades tempranas, el mejor lugar para empezar es el hogar.

¿Qué son los hábitos?

Son acciones automáticamente producidas en respuesta a las señales contextuales asociadas con su ejecución. Algunos ejemplos son: lavarse las manos de manera automática (acción) después de usar el baño (señal contextual), o ponerse el cinturón de seguridad (acción) después de entrar al coche (señal contextual). El sólo hecho de repetir una acción simple en un ambiente consistente propicia que la acción se active de manera habitual cada vez que se está en presencia de esa señal contextual. Un hábito saludable es el comportamiento que tenemos asumido como propio y que incide de forma adecuada en nuestro bienestar físico, mental y emocional.

¿Cómo podemos formar un hábito?

Los hábitos son cognitivamente eficientes ya que son acciones automáticas que liberan los recursos mentales para enfrentar demandas ambientales. Las personas que quieren desarrollar un hábito deben repetir una conducta de promoción de la salud como: salir a caminar todos los días a las seis de la tarde en el parque, en respuesta a una señal diaria en su ambiente (después de terminar de comer en casa). Al cabo del tiempo y de la repetición de la conducta la fuerza del hábito se incrementa hasta llegar al máximo en 66 días (Gardner, 2012).

Un mensaje a tiempo puede ser de mucha ayuda.

En general, comunicamos a nuestras familias qué y por qué cambiar, sin embargo, esto no es suficiente porque sólo se favorecen cambios con beneficios a corto plazo. Para desarrollar conductas a largo plazo, debemos tomar en cuenta que los hábitos son realizados de manera automática sin pensarlo, sin esfuerzo y se forman a través del tiempo cuando se repite una acción en un ambiente determinado, por lo tanto repetir una conducta, que ha sido elegida siempre en el mismo contexto, hasta que se vuelva automática, espontánea y natural es establecer un hábito. Estar activo físicamente no es lo única variable importante para vivir saludable. También es fundamental cambiar la manera en como nos alimentamos.

Empezar a comer más fruta por ejemplo, podemos incluir todos los días una manzana o una taza de melón a la hora en que llegamos al trabajo o cuando salimos del trabajo. Entonces quedarán apareadas la conducta de comer una fruta al entrar o salir del trabajo. Si el propósito es aumentar la cantidad de verdura a ingerir entonces es necesario incluir en la comida principal o en las noches un plato de verdura mixta, cruda o cocida, como primer platillo nuevamente asociando la verdura al primer tiempo tanto en la comida como en la cena. Otro ejemplo sería el consumo de agua durante el día: dos vasos en las comidas principales y uno entre comidas. De esta forma podemos lograr en la familia cambios que perduran en el tiempo, fáciles, seguros, prácticos y efectivos para mejorar, mantener y favorecer nuestra salud y la de nuestra familia.

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