En cuanto estás con ellos, sus necesidades y carencias emocionales son tan profundas que te succionan la sustancia de la vida. Te desgastan. Te cansa su sola presencia. Los vampiros de energía le buscan problemas a las soluciones. Son más salados que un charal, más negativos que las drogas.

Todo les duele, y si no les duele, entonces se lastiman. Tú siempre eres el o la culpable de sus situaciones. Si estás en su vida, por estar… si no, por tu ausencia: “si estuvieras aquí”. Total que cada vez te alejas más y cada vez, por supuesto… se quejan: antes, de que les tratabas de controlar su vida; ahora, de tu abandono. Los vampiros son los que chupan tu vida con sus exigencias.

Existen dos tipos:

LOS DEMANDANTES

  • La gente que parece hoyo negro porque se come toda la luz que hay a su alrededor.

LOS MALVIBROSOS

  • Succionan tu aliento de vida, alegría, esperanza y sentimientos positivos.

 ¿Hay una fórmula para neutralizarlos o eliminarlos?

Sí, pero funciona sobre ti, no sobre ellos. Si tienes relación con personas así, antes de pensar en cómo cambiarlas o alejarlas, pregúntate por qué te pones en esa situación. Reflexiona por qué te sientes tan responsable por ellas y terminas por cumplirles favores y caprichos. Por qué detonan en ti culpa o frustración, que casi te obliga a acercarte más, aunque te estés quemando, en lugar de alejarte o salir corriendo.

 

Información Revista Moi.

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